En la docena de años transcurridos desde la publicación de El gen egoísta : las bases biológicas de nuestra conducta [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit], su mensaje central se ha transformado en ortodoxia en los libros de texto. Esto es paradójico, si bien no de manera obvia. No fue uno de esos libros tachados de revolucionarios cuando se publican y que van ganando conversos poco a poco hasta convertirse en tan ortodoxo que ahora nos preguntamos el porqué de la protesta. Por el contrario, al principio las críticas fueron gratificantemente favorables y no se consideró un libro [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit] controvertido. Con el tiempo aumentó su fama de conflictivo, y hoy día suele considerarse una obra radicalmente extremista. Sin embargo, al mismo tiempo que ha aumentado su fama de radical, el contenido real del libro [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit] parece cada vez menos extremista, más y más moneda corriente.
La teoría de El gen egoísta [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit] es la teoría de la evolución de Charles Darwin, expresada de una manera que Darwin no eligió pero que me gustaría pensar que él habría aprobado y le habría encantado. Es de hecho una consecuencia lógica del neodarwinismo ortodoxo, pero expresado mediante una imagen nueva. Más que centrarse en el organismo individual, adopta el punto de vista del gen acerca de la Naturaleza. Se trata de una forma distinta de ver, no es una teoría distinta. En las páginas introductorias de The extended phenotype (1982) lo expliqué utilizando la metáfora del cubo de Necker.
Se trata de un dibujo bidimensional, trazado con tinta sobre papel, pero se percibe como un cubo transparente tridimensional. Mírelo unos pocos segundos y cambiará para orientarse en una dirección diferente. Continúe mirándolo y volverá a tener el cubo original. Ambos cubos son igualmente compatibles con los datos bidimensionales de la retina, de modo que el cerebro los altera caprichosamente. Ninguno es más correcto que el otro. Mi punto de vista fue que existen dos caminos de considerar la selección natural, la aproximación desde el punto de vista del gen y la aproximación desde el individuo. Entendidos apropiadamente son equivalentes, son dos visiones de la misma verdad. Podemos saltar de uno al otro y será todavía el mismo neodarwinismo.
Pienso ahora que esta metáfora fue demasiado cautelosa. Más que proponer una nueva teoría o descubrir un nuevo hecho, con frecuencia la contribución más importante que puede hacer un científico es descubrir una nueva manera de ver las antiguas teorías y hechos. El modelo del cubo de Necker es erróneo debido a que sugiere que las dos maneras de verlo son igual de buenas. Efectivamente, la metáfora es parcialmente cierta: los puntos de vista’, a diferencia de las teorías, no se pueden juzgar mediante experimentos; no podemos recurrir a nuestros criterios familiares de verificación y refutación. Sin embargo, un cambio del punto de vista, en el mejor de los casos, puede lograr algo más elevado que una teoría. Puede conducir a un clima general de pensamiento, en el cual nacen teorías excitantes y comprobables, y se ponen al descubierto hechos no imaginados. La metáfora del cubo de Necker ignora esto por completo. Percibe la idea de un cambio del punto de vista pero falla al hacer justicia a su valor. No estamos hablando de un salto a un punto de vista equivalente sino, en casos extremos, de una transfiguración.
Me apresuraré a afirmar que no incluyo mi modesta contribución en ninguna de estas categorías. Sin embargo, por este tipo de razón prefiero no establecer una separación clara entre la ciencia y su divulgación. Exponer ideas que previamente sólo han aparecido en la literatura especializada es un arte difícil. Requiere nuevos giros penetrantes del lenguaje y metáforas reveladoras. Si se impulsa la novedad del lenguaje y la metáfora suficientemente lejos, se puede acabar creando una nueva forma de ver las cosas. Y una nueva forma de ver las cosas, como acabo de argumentar, puede por derecho propio hacer una contribución original a la ciencia. El propio Albert Einstein no estuvo considerado como un divulgador y yo he sospechado con frecuencia que sus vivas metáforas hacer más que ayudarnos al resto de nosotros ¿No alimentarían también su genio creativo?
El punto de vista del gen acerca del darwinismo está implícito en los escritos de Ronald A. Fisher y otros grandes pioneros del neodarwinismo de principios de la década de los años treinta, si bien se hizo explícito en la década de los sesenta de la mano de William D. Hamilton y George C. Williams. Para mí su percepción tuvo carácter visionario. Sin embargo, encontré que sus expresiones eran demasiado lacónicas, no suficientemente asimilables. Estaba convencido de que una versión ampliada y desarrollada podía poner en su sitio todas las cosas referentes a la vida, tanto en el corazón como en la mente. Escribiría un libro acerca del punto de vista del gen con respecto a la evolución biológica. Debería concentrar sus ejemplos en el comportamiento social para ayudar a corregir el inconsciente seleccionismo de grupo que pervivía en el darwinismo popular. Empecé el libro en 1972, cuando los cortes de corriente resultantes de los confictos de la industria interrumpían mis investigaciones en el laboratorio. Por desgracia -desde este punto de vista- los apagones acabaron después de haber redactado únicamente dos capítulos, y arrinconé el proyecto hasta que disfruté de un año sabático en 1975. Mientras tanto, la teoría se había propagado de manera notable gracias a John Maynard Smith y Robert Trivers. Ahora veo que era uno de esos períodos misteriores en los que las nuevas ideas están flotando en el aire. Escribí El gen egoísta [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit] en algo parecido a un arrebato de excitación.
Cuando Oxford University Press [oup] se puso en contacto conmigo para publicar una segunda edición, insistieron en que era inadecuado realizar una revisión exhaustiva convencional página a página. Existen muchos libros que, desde su concepción, están destiandos obviamente a tener ediciones sucesivas, pero El gen egoísta [localizado en la signatura ENSAYO DAW GEN de biblioteca.etsit] no era de este tipo. La primera edición se impregnó del frescor de los tiempos en que fue escrita. Se vivían aires de revolución, de un amanecer amaravilloso al estilo de Wordsworth. Era una lástima modificar un hijo de aquellos tiempos, agrosándolo con nuevos hechos o arrugándolo con complicaciones y advertencias. Así pues, el texto original permanecería con sus imperfecciones y sus opiniones sexistas. Las notas finales abarcarían las correcciones, respuestas y desarrollos. Y habría capítulos completamente nuevos sobre temas cuya novedad alimentaría en los nuevos tiempos el amanecer revolucionario. El resultado han sido los capítulos XII y XIII. Para escribirlos me he inspirado en los dos libros aparecidos en este campo que he encontrado más excitantes durante los años transcurridos: The Evolution of Cooperation, de Robert Axelrod, que parece ofrecer una cierta experanza a nuestros futuro, y mi propia obra The Extended Phenotype, que me ha absorvido estos años y que probablemente es lo mejor que he escrito nunca.
El título del capítulo XII, Los buenos chicos acaban primero, está tomado del programa de televisión Horizon [horizon], de la BBC [bbc], que presenté en 1985. Se trataba de un documental de cincuenta minutos acerca de aproximaciones mediante la teoría de juegos a la evolución de la cooperación, producido por Jeremy Taylor. La realización de esta película y de otra, The Blind Watchhmaker, con la misma productora, hizo que adquiriese un nuevo respeto por estos profesionales de la televisión. Los productores de Horizon [horizon] se vuelven estudiantes expertos avanzados de los temas que tratan. El capítulo XII debe más que su título a mis experiencias trabajando en estrecha colaboración con Jeremy Taylor y su equipo de Horizon [horizon] y les estoy agradecido por ello.
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Prefacio a la edición de 1989 de El gen egoísta : las bases biológicas de nuestra conducta, de Richard Dawkins.
Más información en el blog de biblioteca.etsit puede consultarse en [Introducción] Darwin y la evolución / Paul Strathern; en [Introducción] Darwin / Johannes Hemleben; en El gen egoísta : las bases biológicas de nuestra conducta [Prefacio a la edición de 1989] / Richard Dawkins; en El gen egoista : las bases biológicas de nuestra conducta [Prefacio a la edición de 1976] / Richard Dawkins y en El cuento del antepasado : un viaje a los albores de la evolución / Richard Dawkins.
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Septiembre 23, 2009 a las 12:47 pm
[...] Prefacio a la edición de 1976 de El gen egoísta : las bases biológicas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Más información en El gen egoista : las bases biológicas de nuestra conducta [Prefacio a la edición de 1989] / Richar…. [...]
Octubre 28, 2009 a las 11:45 pm
Un apunte o dos.
El cubo de Necker no cambia de una disposición a otra de forma “caprichosa”. La continuidad de la percepción consciente es un artificio del cerebro que queda aquí al descubierto, el cual necesita efectúa registros agrupados en “cuantos” de información con periodos de tiempo limitados entre 0,3 y 3 segundos aproximadamente pero es capaz de fusionarlos para darnos la sensción de un devenir continuo.
¿No se le ocurren nuevas metáforas que eviten la teleología que llevan aparejadas algunas palabras como “egoísta”? Quizás sin teleología no no sería necesario buscar metáforas acertadas para explicar otras desacertadas.